El diseño de productos debe desaparecer
Un problema (no sólo en España) de la educación de los estudiantes de diseño (que por definición son principiantes) es que se los anima exageradamente a elaborar complejos conceptos, lo cual generalmente se traduce en ideas radicalmente novedosas, dudosamente fundamentadas, de poca aplicabilidad y con una pobre coherencia interna. Generalmente, estos conceptos están demasiado influídos o condicionados por el profesor, que premia la novedad y la calidad estética por sobre la detección de problemas y la solución de estos. Viendo muchos trabajos finales (esta es la época para verlos) se puede decir que la mayoría de los trabajos no solucionan problemas de ningún tipo, sino que se quedan en ideas pensadas desde un asiento, detras de una pantalla. La mayoría de estos estudiantes, de seguir en el campo del diseño, se transformarán en profesionales, aprenderán los trucos de la profesión y diseñarán productos que terminarán en la basura, contaminando el planeta y agravando la crisis.
Como profesor (externo) de una escuela de diseño, el tema de la educación de los diseñadores me ocupa y pienso en el a menudo. Justo en esta época de exámenes y trabajos finales leo un muy buen artículo acerca de la educación que reciben los diseñadores (de producto). Hall se pregunta retóricamente porque un tren diseñado por IDEO funciona más deficientemente que los trenes corrientes y cuesta cuatro veces más, o como es posible que se tarde 90 minutos para llegar al avión desde el momento del check-in, o como puede ser que en EEUU mueran 42.000 personas al año en accidentes de tráfico. El mundo está lleno de cosas que no funcionan bien.
Según Hall las escuelas de diseño responden a esta crisis de tres maneras distintas:
- position product design as a business(week)-friendly, innovation-focused process (IIT and Stanford);
- focus on research rather than form making and align it with other humanities disciplines (Hunt);
- take the art-school route epitomized by the Royal College of Art, in London, and Cranbrook Academy of Art, which have reputations for critical thinking and producing sexy imagery of objects—often more hypothetical than manufacturable;
Hay otra manera:
A fourth response to stuff evaporation is to shift gears to mapping those object-producing systems and using the data, arrayed in compelling visual form, to drive design change.
Es en esta cuarta opción donde el diseñador es parte integral del cambio social, las escuelas deben dejar de enfatizar la novedad per se, el book, el styling cosmético y enfocarse a enseñar a detectar y solucionar problemas, pero por sobre todo a rediseñar propuestas de valor, a repensar empresas, instituciones y negocios de acuerdo a un modelo de servicios y no de productos. Me imagino la alegría que sentiré cuando un estudiante presente un concepto de un servicio. Al fin y al cabo los productos son un medio, no un fin.
Tenemos que empezar a enseñar diseño de servicios. El diseño de productos es cosa del pasado.
26/06/2007 en 9:01
Respecto a uno de los puntos que comentas, los accidentes de tráfico, yo soy incapaz de entender cómo la sociedad ha podido aceptar que dos coches circulen a 80 kilómetros por hora en sentidos contrarios a un metro de distancia y separados por una segura… línea blanca pintada en el suelo.
Entiendo que era difícil hace 100 años hacer prospectiva y diseñar carreteras pensando que algún día se circularía tan rápido, pero hoy en día, con una docena de muertos cada fin de semana en las carreteras españolas, ¿cómo podemos seguir aceptándolo?
El coche, desde mi punto de vista, es un buen ejemplo de diseño de producto (una propiedad, un lujo, un objeto para mostrar status-quo,…
en lugar de un servicio (un medio de transporte para ir de un punto A a un punto B). Diseño que, de hecho, está centrado en el cliente objetivo, que cuándo va a comprar un coche en lo último que piensa es en si la aleación del metal del modelo X es más resistente que la del Y.
un saludo!
26/06/2007 en 9:15
Y también resulta incomprensible que se sigan vendiendo coches que superan en más de 100 km/h los límites legales.
Evidentemente los fabricantes de coches saben que venden sensaciones y experiencias fílmicas… por eso es tan importante que el velocímetro sugiera la posibilidad de ir a 280 km/h aunque con ello violemos la ley y pongamos en peligro nuestra vida y la de los demás.