Juan Miguel Muñoz es el corresponsal de El País en Israel desde hace varios años. Juan Miguel Muñoz no deja pasar oportunidad para criticar a Israel. Sus artículos y columnas bordean lo panfletario con demasiada frecuencia. Muñoz hasta recurre a un viejo recurso al afirmar que los judíos están dispuestos a matar niños gentiles siguiendo la ley mosaica (el asunto de la sed de sangre rabínica ya ha sido refutado con elocuencia).
Muñoz está del lado de los oprimidos. Y para demostrar cuanto dolor y miseria Israel causa a los palestinos, Muñoz escribe sus libelos. A veces, el radar de Muñoz detecta la lúcida voz de israelíes o judíos críticos con la política israelí respecto de la cuestión palestina. Muñoz nos muestra soldados que se niegan a ir al frente y van a prisión por ello, o intelectuales que desde la racionalidad impugnan las decisiones que causan muertos. Los cita y cuenta sus historias para demostrar quien oprime a quien y que él, Muñoz, el paladín de los oprimidos, no es más que un justo periodista contando la verdad.
En su último hallazgo, Muñoz cita a Idith Zertal y todos estamos de acuerdo con ella:
Gobernar a otro pueblo de manera tan brutal es devastador también para nosotros.
Queda claro que voces como la de Zertal están evidentemente en contra de los asentamietos, de los muros, de los ataques preventivos y de las represalias. Pero estas voces que se oponen a los que agitan la bandera fundamentalista azul y blanca con la estrella del Rey David tampoco están a favor de lo que propugnan los dueños de la muerte que agitan la otra bandera fundamentalista, de color verde. No sobra hacer esta aclaración. Zertal está en contra de la política israelí, pero no esto no implica que esté a favor de los asesinos suicidas que viven del lado palestino.
Los poderosos se critican a si mismos por usar la violencia, los oprimidos critican a los poderosos, Muñoz critica a los poderosos. ¿Pero por qué los oprimidos no se critican, también, a sí mismos? ¿No tienen voz para ello? ¿No piensan? ¿No merece la violencia palestina ser cuestionada desde dentro?
Yo me pregunto: ¿dónde está la versión palestina de Idith Zertal? ¿Donde están los Gideons Levi y los Amos Oz palestinos que escriben contra el fanatismo? ¿Y los soldados que se niegan a ir al frente? ¿Existen? Si existen, ¿por qué Muñoz nunca los muestra? Y si no existen, ¿por qué Muñoz no nos cuenta qué signifca que no existan?







