A pesar de Bolonia y sus promesas de movilidad, para ser profesor en una universidad española es imprescindible tener homologado el título extranjero a un grado español. Hace un par de meses, y después de años de quejas de diferentes secretarías académicas y después de no haber podido dar clase en la Universidad de Barcelona por no tener el título homologado, me decidí a iniciar los trámites para convalidar mi licenciatura holandesa.
El trámite es bastante kafkiano y llegó al ridículo cuando tuve que traducir todo del ingles al castellano (!), porque claro, parece que los funcionarios encargados de evaluar los grados extranjeros no hablan inglés. Mi expediente académico está en inglés, como el de muchas universidades holandesas que lo expiden en inglés y en holandés pensando que de esta manera lo entenderán en cualquier lado. Wrong.
El absurdo llegó a un punto crítico hoy. Recibí una carta certificada donde me piden la “copia compulsada del título cuya homologación se solicita o certificación acreditativa”.
Luego de esperar 15 minutos al teléfono, hablé con alguien de “expedientes” que me dijo que ellos esperaban un diploma. Se refería a un diploma de estos con ornamentos renacentistas, con escudos y filigranas, con bordes y sellos lacrados.
Mi diploma holandés en realidad es casi un certificado, es un simple folio DIN A4, con un relieve y el logo de la universidad. No se parece en nada a un “diploma español”, pero dice todo lo que tiene que decir: entre otras cosas dice clarito el nombre de la universidad, que soy licenciado, tiene la fecha y el lugar de expedición. Pero no tiene ornamentos renacentistas, ni lacre, ni escudos. Eso sí, también está traducido al castellano por un traductor jurado y apostillado por el Ministerio de Educación holandés, como todo el resto de documentos que tuve que entregar.
Esta gente, los que van a estudiar mi expediente académico y, espero, a convalidar mi título, no han sabido reconocerlo.
Estar en manos de incompetentes me pone muy nervioso.
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