Contra la economía

Douglas Rushkoff en “Economics Is Not a Natural Science” escribe:

“If science can take on God, it should not fear the market. Both are, after all, creations of man.

We must stop perpetuating the fiction that existence itself is dictated by the immutable laws of economics. These so-called laws are, in actuality, the economic mechanisms of 13th Century monarchs. Some of us analyzing digital culture and its impact on business must reveal economics as the artificial construction it really is. Although it may be subjected to the scientific method and mathematical scrutiny, it is not a natural science; it is game theory, with a set of underlying assumptions that have little to do with anything resembling genetics, neurology, evolution, or natural systems.

The scientific tradition exposed the unpopular astronomical fact that the earth was not at the center of the universe. This stance challenged the social order, and its proponents were met with less than a welcoming reception. Today, science has a similar opportunity: to expose the fallacies underlying our economic model instead of producing short-term strategies for mitigating the effects of inventions and discoveries that threaten this inherited market hallucination.

The economic model has broken, for good. It’s time to stop pretending it describes our world.”

Coincido con Rushkoff. Las premisas básicas de la economía son meros dogmas, el corpus de la economía no es más que un conglomerado de elucubraciones formalistas cuya fundamentación lógica reside en un conjunto de postulados axiomáticos que poco tienen que ver con la realidad según esta es descrita por ciencias empíricas más rigurosas en la validación de sus premisas, como aquellas que cita Rushkoff en su texto, a las que yo añadiría la ciencia y la psicología cognitivas; al fin y al cabo han sido Kahnemann y Tversky algunos de los que repetidamente han desmontado los modelos que sirven de base a la economía neoclásica.

Coincido, letra por letra, con la frase que cierra el artículo. La economía tal y como la conocemos (en su vertiente neoclásica) debe cambiar: debemos revisar el dudoso estatus científico de la economía. El cuestionamiento de las premisas económicas básicas (como por ejemplo la racionalidad del mercado) y el señalamiento de la inexistente capacidad de la economía para formular predicciones cualitativas aplicables al mundo real y no sólo a los modelos computacionales artificiosos, van en esta línea. Tambien existen otra serie de imperativos eticos y ecológicos no mencionados por Rushkoff que hacen que la revision del status quo de la economia sea inexcusable, por ejemplo la necesidad de revisar de la idea de crecimiento, elocuentemente planteada por importantes autores como Herman Daly.

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