Pantime es el Proyecto final de estudios de Clara Roma Novellas en el cual la diseñadora se propone transformar el tiempo en un objeto físico. Se trata de un ejercicio de visualización de hábitos de vida y comportamientos que resulta en un exhaustivo sistema de información que puede leerse en múltiples niveles.
Simplificando se puede decir que se trata de unas pantoneras (Pantimeras) que reflejan mediante colores y volúmen las actividades que Clara realizó en un período de tiempo determinado. Cada una de los folios de la pantimeras refleja, a su vez, información concreta acerca de una tarea específica. Los folios están ordenados en pantimeras de manera cronológica, cromática, temática y cuantitativa. La suma de folios transmite información mediante la traducción de grupos de tareas en volúmen y colores.
Se trata de un sistema de objetos que necesita ser tocado y examinado en detalle, sólo así se logra valorarlo correctamente. Cuando lo vemos en su formato real resulta fácil apreciar a qué dedica Clara su tiempo.
El nivel de especificidad de este esfuerzo de visualización de la propia conducta es apabullante, la siguiente presentación demuestra que no exagero.
Nota: Sergio Correa, Jaume Aymerich y un servidor hemos sido los tutores de Clara durante el proyecto.
Lo de rentabilidad garantizada ante notario no tiene desperdicio, tampoco lo tienen muchas otras joyas de escritura persuasiva que pueden admirarse con detenimiento en el website de la campaña de emisión de pagarés.
Pero creo que lo mejor de todo es la infografía central. Allí, contrariamente a lo que supuse inicialmente, las barras no representan los tipos de interés y sus diferencias. En realidad es mucho más simple, las barras representan los años.
Inicialmente traté de dilucidar qué escala engañosa utilizaban, pero mi suspicacia me impedía pensar bien. Eso sí que es un buen uso de la infografía, sí señor. La diferencia entre 2 y 3 años no me quedaba clara y ahora la entiendo sin dificultades.
Muchos creen que en una escuela de diseño se aprenden cuestiones relativas a las diferentes subdisciplinas del diseño. Por ejemplo: uso del color o la iluminación para el diseño de espacios; materiales o técnicas de producción para el diseño de producto; tipografía o lay-out para el diseño gráfico, etc. Tienen razón, este tipo de cosas se aprenden en escuelas de diseño.
Otros piensan que en las escuelas de diseño se aprende a utilizar instrumentos y herramientas (análógicos y digitales), como el lápiz, el dibujo, el prototipado, la construcción de maquetas, Photoshop, Illustrator, software de CAD, etc. De nuevo, aquellos que piensan que esto es lo que se aprende en una escuela de diseño, no se equivocan.
Pero lo más importante que se aprende en una escuela de diseño es el arte de la conversación, específicamente un tipo de conversación muy concreto, la “conversación reflexiva con la situación”.
[T]he designer’s moves tend, happily or unhappily, to produce consequences other than those intended. When this happens, the designer may take account of the unintended changes he has made in the situation by forming new appreciations and understanding and by making new moves. he shapes the situation, in accordance with his initial appreciation of it, the situation ‘talks back’, and he responds to the situation’s back-talk.
In a good process of design, this conversation with the situation is reflective. In answer to the situation’s back-talk, the designer reflects-in-action on the construction of the problem, the strategies of action, or the model of the phenomena, which have been implicit in his moves.
Esta capacidad de conversación es la esencia de la práctica del diseño. Es una habilidad que se comienza a desarrollar en la escuela, en cada proyecto, reflexionando en la acción (pensando sobre el proyecto) y también reflexionado sobre la acción (reflexionando acerca del pensar sobre del proyecto, a un metanivel).
Esta capacidad de conversación es la maestría que nos permite afrontar problemas de diseño únicos e inicialmente inconmensurables (recordemos que los problemas de diseño son wicked problems). Pienso que habilidad es lo más importante que se aprende en una buena escuela de diseño.
Something to say es el proyecto final de estudios de Cristina Solé. Un trabajo excelente que se propone hacer algo exquisito del evento cotidiano de tener algo que decir.
Cristina nos propone hacer tangible el mensaje y corporizarlo de manera especial gracias a la tipografía y el material escogido. Something to say hace que a los amantes de la tipografía se nos caiga la baba y despierta el amor tipográfico en los neófitos.
Por medio de una web pueden escribirse los mensajes, elegir la tipografía, definir los materiales, las opciones de envío, etc.
Los mensajes se envían por correo tradicional, el afortunado recibe el mensaje y puede leerlo y releerlo hasta que se le cansen los ojos.
Si alguien tiene algo que decirme, que me lo diga con las letras de Cristina.
A los 15 años, mi hija ya ha superado unos cuantos momentos familiares difíciles, varias mudanzas, muertes de abuelos, cambios de país de residencia, el aprendizaje de un idioma nuevo… Es una chica con fuerza que no se deja intimidar ante la incompetencia de algunos de sus educadores (me incluyo), y que también sabe, por suerte, reconocer a aquellos que valen la pena.
A partir de setiembre irá a un cole nuevo. Otra vez. El inminente cambio conlleva, como es normal, momentos de incertidumbre y episodios de desasosiego. Momentos de tragedia adolescente, tan intensos y reales como efímeros. A medida que se acerca la fecha de inicio de las clases, aumenta la intensidad y la frecuencia de estos episodios.
El otro día vimos que en la web de su nuevo cole estaban colgadas las listas de alumnos para el próximo curso y las descargamos. No se si esto es kosher en cuanto al cumplimento de la LOPD, pero esta vez me da igual, porque al ver la lista, se nos ocurrió una idea: buscar a sus futuros compañeros en facebook. Encontramos a unos cuantos, los invitó como amigos y una chica le contestó. Han intercambiado un par de mensajes.
El 14/9 es su primer día de cole en su cole nuevo. Esta vez, gracias a la web, será algo menos difícil de lo que suele ser, seguirá siendo un momento difícil, y es verdad que aún no tendrá amigos, pero sí que tendrá amigos del facebook, ya no será una completa extraña y eso la hará sentirse menos sola. De todos modos cruzo los dedos, porque con los adolescentes nunca se sabe.
Mi padre me contó que cuando mi abuelo emigró de Minsk a Buenos Aires, uno de los discos que se llevó consigo contenía la canción “Der Freylekher Rumeyner” (también conocida como Roumania Roumania) una obra maestra interpretada por Aaron Lebedeff y la orquesta de Perets Sandler, grabada por primera vez en 1925.
La canción es un clásico de la música klezmer y ha sido versionada decenas de veces con más o menos éxito. Hace años compré un CD donde aparece esta misma versión, la primera de todas, la que mi abuelo pensó que valía la pena llevarse al otro lado del mundo.
Anya Kamenetz explica en Why the Microgrid Could Be the Answer to Our Energy Crisis (Fast Company 07-08/09) que la solución para los problemas energéticos del mundo es la generación de energía a escala local y que esto va en contra de los intereses del establishment energético.
Interesante perspectiva, sin duda. Aunque habría estado bien que en su artículo Kamenetz hubiese referenciado a Bruce Mau, quien en Massive Change hablaba de un local energy grid y de la necesidad de plantear el rediseño del sistema de electricidad para producir energía de manera local. Lo cual es esencialmente lo mismo que dice Kamenetz en Fast Company.
No hablo de plagio en absoluto, ni lo sugiero, es totalmente plausible que todo se le ocurriera a Kamenetz. Es posible que Kamenetz no conozca el libro de Mau, y también es posible que tampoco esté familiarizada con otros importantes referentes (también citados por Mau) como el maestro Buckminster Fuller, quien hace ya 40 años señalaba la necesidad de poner los intereses de la humanidad en su conjunto por sobre el beneficio empresarial.
Cuando nadie en la redacción detecta las evidentes similitudes entre el artículo y conocidas ideas de terceras personas, no puedo sino dudar del rigor editorial de Fast Company y del conocimiento de sus autores. Sobre todo cuando el artículo de Kamenetz recibe especial atención en el editorial firmado por el director.
“If science can take on God, it should not fear the market. Both are, after all, creations of man.
We must stop perpetuating the fiction that existence itself is dictated by the immutable laws of economics. These so-called laws are, in actuality, the economic mechanisms of 13th Century monarchs. Some of us analyzing digital culture and its impact on business must reveal economics as the artificial construction it really is. Although it may be subjected to the scientific method and mathematical scrutiny, it is not a natural science; it is game theory, with a set of underlying assumptions that have little to do with anything resembling genetics, neurology, evolution, or natural systems.
The scientific tradition exposed the unpopular astronomical fact that the earth was not at the center of the universe. This stance challenged the social order, and its proponents were met with less than a welcoming reception. Today, science has a similar opportunity: to expose the fallacies underlying our economic model instead of producing short-term strategies for mitigating the effects of inventions and discoveries that threaten this inherited market hallucination.
The economic model has broken, for good. It’s time to stop pretending it describes our world.”
Coincido con Rushkoff. Las premisas básicas de la economía son meros dogmas, el corpus de la economía no es más que un conglomerado de elucubraciones formalistas cuya fundamentación lógica reside en un conjunto de postulados axiomáticos que poco tienen que ver con la realidad según esta es descrita por ciencias empíricas más rigurosas en la validación de sus premisas, como aquellas que cita Rushkoff en su texto, a las que yo añadiría la ciencia y la psicología cognitivas; al fin y al cabo han sido Kahnemann y Tversky algunos de los que repetidamente han desmontado los modelos que sirven de base a la economía neoclásica.
Coincido, letra por letra, con la frase que cierra el artículo. La economía tal y como la conocemos (en su vertiente neoclásica) debe cambiar: debemos revisar el dudoso estatus científico de la economía. El cuestionamiento de las premisas económicas básicas (como por ejemplo la racionalidad del mercado) y el señalamiento de la inexistente capacidad de la economía para formular predicciones cualitativas aplicables al mundo real y no sólo a los modelos computacionales artificiosos, van en esta línea. Tambien existen otra serie de imperativos eticos y ecológicos no mencionados por Rushkoff que hacen que la revision del status quo de la economia sea inexcusable, por ejemplo la necesidad de revisar de la idea de crecimiento, elocuentemente planteada por importantes autores como Herman Daly.
Hace unos días hice un pedido en Carrefour Online, tenían que venir entre las 18 y las 20, pero llegaron sobre las 21, aunque no es éste el tema que quiero comentar, sino el servicio de post-venta.
Controlando el pedido me di cuenta de que dos mozzarellas estaban a punto de caducar, llamé al servicio de atención al cliente y me dijeron que primero tenían que pasar a recogerlas y que luego me devolverían el dinero.
Al día siguiente vino el transportista en un camión refrigerado, del tipo muy grande, muy pesado, de esos de varias toneladas. Me dijo que él tenía que recoger las mozzarellas, informar que las había recogido y finalmente tirarlas a la basura.
¿No se podía hacer de otra manera?
¿Era necesario enviar un camión de varias toneladas a recoger dos bolas de mozzarella que cuestan 2,78€ PVP y que en total pesan 250g? Se me ocurren varias maneras más agiles de hacerlo (enviando una foto es la primera que me vino a la mente, es una bastante obvia, por cierto). ¿Tendría que haberme callado, no haberme quejado y haber perdido 2,78€ en beneficio del medio ambiente? ¿El tonto soy yo o son ellos?